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lunes, 8 de julio de 2013

La militarización de la frontera es el camino equivocado

México y Estados Unidos están a punto de compartir la frontera más militarizada desde el muro de Berlín

 

 
En una era definida por la interconexión, México y Estados Unidos están al borde de compartir la frontera más militarizada desde la caída del muro de Berlín.
La decisión de reforzar la seguridad en la que ya es una de las zonas más patrulladas del mundo, exhibe las tensiones de una sociedad dividida por la doble moral que define el debate sobre migración en los Estados Unidos. Necesitan la mano de obra que llega desde el sur, la utilizan pero, no lo aceptan.
El Congreso estadounidense avanza en la aprobación de un paquete de reformas al sistema migratorio que incluye un plan, sin precedente, para incrementar la seguridad en los 3.000 kilómetros de frontera que comparte con México. Una cortina de acero que paradójicamente servirá más para aislar a los de adentro que para mantener lejos a los de afuera.
El plan impulsado por miembros del Partido Republicano y aprobado por el Senado, contempla la construcción de un muro de 1.200 kilómetros, 42.000 hombres bien armados, aviones no tripulados y fondos adicionales para programas que criminalizan la migración ilegal, entre otros proyectos.
La militarización es el precio que los conservadores han fijado para avanzar en la legalización de los 12 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos y la comunidad latina parece estar dispuesta a pagar ese precio. Quieren una reforma migratoria que incluya la ciudadanía, cueste lo que cueste.
Algunos describen este trueque como un acto de pragmatismo político, agregan que la mejor reforma es la que se aprueba. Yo difiero. 40.000 guardias bien armados no van a sellar la frontera, la van a sofocar.
Los esfuerzos -legítimos- para establecer una frontera segura no pueden basarse en la retórica política, ni en la aseveración simplista de que más kilómetros de muro equivalen a más seguridad. La historia demuestra lo contrario.
En los últimos 10 años, el Gobierno estadounidense ha gastado 90.000 millones de dólares para asegurar la frontera sin buenos resultados. Es cierto que la migración ilegal ha disminuido a sus niveles más bajos en décadas pero, la reducción responde más a los problemas de la economía estadounidense, principalmente al desempleo, que a las acciones tomadas para reforzar la línea.
Lo que sí ha incrementado y exponencialmente es el número de personas que mueren en su intento por cruzar la frontera, así como el contrabando de mercancías y de migrantes, ambos controlados por los carteles de la droga mexicanos.
En vez de entender la seguridad fronteriza como parte de una estrategia integral, el aseguramiento de la franja, se convirtió en la única estrategia para tratar de solucionar la migración ilegal hacia Estados Unidos. Un experimento fallido y de graves consecuencias para los derechos humanos de los migrantes y la vida de 14 millones de almas en las comunidades fronterizas.
Tan solo en los últimos tres años, 18 personas han muerto a manos de agentes de la patrulla fronteriza, incluidos seis menores de edad y cinco ciudadanos estadounidenses. Destacan casos como el del joven mexicano Sergio Hernández quien recibió siete balazos en la espalda por supuestamente aventar piedras a los agentes estadounidenses desde el lado mexicano de la frontera.
En los últimos años, la patrulla fronteriza se ha convertido en la agencia de seguridad más grande en Estados Unidos y según la unión americana de libertades civiles, opera con niveles alarmantes de opacidad e impunidad.
También está el tema de los 40.000 millones de dólares que costará este 'nuevo' plan de seguridad fronteriza. El fin de la guerra en Irak y el regreso de tropas desde Afganistán, dirige la atención de los contratistas de defensa estadounidenses hacia la frontera mexicana.
El diario The New York Times reporta que al menos media docena de estas empresas se reportan listas para participar de las licitaciones millonarias que prepara el gobierno para la compra de equipo en la frontera.
Más seguridad, significa también más aprensiones y más camas ocupadas en los centros de detención privados a los que llegan la mayoría de los migrantes detenidos al cruzar la frontera. Una industria multimillonaria que en las últimas semanas ha incrementado su cabildeo en el congreso.
La migración es un fenómeno complejo para el que no hay soluciones simples. La falta de creatividad y sobre todo de voluntad política para generar soluciones de largo plazo que atiendan las necesidades específicas de las comunidades fronterizas afecta los intereses nacionales de uno y otro lado de la frontera.
La mejor forma de limitar espacios a la ilegalidad es fortaleciendo los de la legalidad. Más visas, más oportunidades de trabajo temporal y menos muros.
La militarización es el camino equivocado. La solución de los enemigos y no la de dos países que comparten rumbo y destino.
Enrique Acevedo es periodista.

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