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viernes, 28 de junio de 2013

El misterio de ganar tiempo

Si Putin no puede evitar el tema, como desearía, tal vez trate de despistar mientras el fugitivo deambula por universos virtuales en espera de que se perfile alguna solución.

 

 
La información sobre el paradero de Eduard Snowden en Rusia es confusa. Los aviones de Moscú a La Habana parten sin él y los empleados del hotel en la zona de tránsito del aeropuerto de Sheremétevo generan noticias contradictorias. Una fuente dijo a la agencia Ria Nóvosti que Snowden efectivamente se alojó en el hotel durante cuatro horas y se marchó después acompañado de unos señores, pero otra fuente afirmó a Interfax que Snowden miró los precios del establecimiento, pero no se hospedó en él.
Dondequiera que esté el empleado de los servicios de seguridad norteamericano portador de secretos, su simple paso por Moscú pone a los dirigentes rusos en una posición delicada y podría llevarlos a tomar decisiones con independencia de sus propios deseos. Tal como se presenta el personaje, Snowden no es un espía que se pasa de un servicio secreto a otro, al que entrega en exclusiva su “capital” informativo, sino que, por razones morales y en nombre de los derechos cívicos, ha decidido airear al mundo lo que sabe sobre la vigilancia total del Internet. Para Moscú, esta imagen, --verdadera o falsa--, es más difícil de tratar que la del espía clásico de la Guerra Fría.
Dondequiera que esté el empleado de los servicios de seguridad, su simple paso por Moscú pone a los dirigentes rusos en una posición delicada
Como veterano del KGB, Putin (y cualquiera marcado por las reglas y los hábitos de trabajo en los servicios de seguridad) seguramente preferiría recibir secretos de Estado para consumo propio en exclusiva en lugar de tenérselas que vérselas con la difusión libre e incontrolada de los trapos sucios norteamericanos,que por otra parte pueden ser muy parecidos a los de Rusia. En el tratamiento de este asunto, Putin tal vez era sincero cuando dijo que “preferiría no tener que ocuparse de estas cosas, porque es como trasquilar a un cerdo: mucho chillido y poca lana”.
La denuncia de los métodos ilegales de vigilancia total sobre el ciudadano con la que se identifica a Snowden lo convierte en un héroe a los ojos de los defensores de derechos cívicos rusos. En teoría, Rusia tiene una magnífica oportunidad de enarbolar la bandera de su defensa. Pero no es tan simple. Putin critica con saña los métodos y filosofía de EEUU, pero EEUU es también un país al que el Kremlin emula y con el que Rusia pretende colaborar en los grandes temas de la política internacional y también en la lucha conjunta de sus servicios secretos contra el terrorismo.
Como veterano del KGB, Putin, y cualquiera marcado por las reglas y los hábitos de trabajo en los servicios de seguridad, seguramente preferiría recibir secretos de Estado para consumo propio
En contra de la extradición y a favor del asilo de Snowden se han declarado varios integrantes del Consejo de Derechos Humanos adjunto al presidente Putin, comenzando por el máximo dirigente de esta entidad Mijaíl Fedótov. Rusia no puede entregar a Snowden porque lo prohíbe la convención sobre el estatus de refugiado de Ginebra de 1951, ha puntualizado Fedótov, según el cual, mientras se decide si se da asilo político o no, el refugiado está protegido por la Organización de Naciones Unidas. Y si Rusia observa las normas del derecho internacional, no puede entregarlo, dijo el funcionario al canal Rusia-24. Fedótov cree que “Snowden merece protección” y considera que este personaje tiene las mismas motivaciones que el fundador de Wikileaks Julian Assange y el soldado estadounidense Bradley Manning. Todos ellos quieren informar a la sociedad y son productos del mundo moderno impensables sin el Internet. “Desean lo mejor para la humanidad. Sus acciones merecen ser elogiadas porque es bueno revelar cualquier información sobre los abusos”, sentenció Fédotov.
“Si Gerard Depardieu recibió la ciudadanía rusa cuando trataba de zafarse de los impuestos, ¿por qué no darle la ciudadanía a Snowden?”, opinó la veterana de defensa de los derechos humanos Liudmila Alexéieva, que asegura simpatizar con el norteamericano.
Kirill Kabánov, miembro también del Consejo de Derechos Humanos, anunció que ha convocado a sus colegas a reunirse y enviar un mensaje a Putin solicitando asilo político para Snowden. Lo que nadie ha dicho es si Snowden quiere y ha pedido asilo político en Moscú.
Si Putin no puede evitar el tema, como desearía, tal vez trate de ganar tiempo mientras el fugitivo deambula por universos virtuales y mundos paralelos en espera de que se perfile alguna solución. Pero si Putin se ve obligado a ocuparse del asunto, porque Snowden pide asilo o porque no hay manera de que se vaya, entonces el líder ruso tendrá que decidir si se configura como patrón y protector del héroe desenmascarador de EEUU. Pero, en el caso de que Putin, como Obama, no quiera que Snowden se interponga en las relaciones bilaterales, el presidente ruso no podrá explotar a fondo todo el rédito propagandístico antiamericano que Snowden le podría generar. Así que este puede ser verdaderamente un asunto de “mucho chillido y poca lana”.

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