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lunes, 1 de julio de 2013

Egipto queda desgarrado tras las manifestaciones contra Morsi



 El Cairo 1 JUL 2013 - 14:10 CET


Cientos de manifestantes protestan esta mañana contra el presidente egipcio, Mohamed Morsi, tras haber pernoctado en tiendas de campaña en la cairota plaza Tahrir, mientras la oposición ha dado de plazo hasta mañana, martes, al mandatario para que dimita. El movimiento Tamarrud (Rebelión), que asegura haber recogido 22 millones de firmas para pedir la dimisión de Morsi, fijó un ultimátum para mañana a las 17.00 hora local para que éste deje su cargo y convoque elecciones.

Si no lo hace, el grupo llama a comenzar una campaña de desobediencia civil, según un comunicado difundido hoy en su página web. "Ya no es posible una solución intermedia y no hay alternativa al  final pacífico del poder de los Hermanos Musulmanes, representado en Morsi, y al llamamiento a elecciones anticipadas", señaló Tamarrud, antes de pedir a la policía, el ejército y la justicia que "tome partido de manera clara" por sus demandas.

La noche acabó con enfrentamientos en distintos puntos de Egipto que causaron al menos siete muertos, aunque las informaciones sobre la cifra de víctimas son todavía confusas. Según las autoridades, al menos siete personas murieron y cientos resultaron heridas en enfrentamientos en las ciudades de Asiut, Beni Suef y Fayoum. La sede en El Cairo de los Hermanos Musulmanes fue atacada con rocas y bombas incendiarias por un grupo de opositores, sin que la policía o las fuerzas armadas la protegieran.
Según ha afirmado a Reuters Gehad el Haddad, portavoz de los Hermanos Musulmanes, el ataque contra su sede de esta noche ha hecho que su organización estudie "defenderse por sí misma" ante la inacción de las fuerzas de seguridad. "Se ha cruzado una línea roja", ha afirmado.
Pese a la violencia -de menor escala de lo que se había temido-, los ánimos no habían decaído esta mañana en Tahrir. Uno de los manifestantes, Abu Suwar, explicó a Efe que no ha dormido "ni un segundo" esta noche y añadió que no se moverá de Tahrir hasta conseguir la dimisión del presidente. Pequeños grupos de opositores llevan pancartas con la leyenda "Erhal" (Vete) escrita en ellas, mientras buena parte del resto trata de dormir en las tiendas o bajo cualquier sombra.

Una acampada similar tiene lugar junto al palacio presidencial de Itihadiya, mientras que los partidarios de Morsi continúan, por cuarto día consecutivo, con su concentración en favor de la legitimidad del presidente en el barrio cairota de Ciudad Naser.

Las concentraciones convocadas ayer con motivo del primer aniversario del mandato de Morsi sacaron a la calle a cientos de miles de personas en todo el país (fuentes no oficiales hablan de millones) en un ambiente mayoritariamente festivo y pacífico. Sin embargo, entrada la noche estallaron enfrentamientos entre seguidores de Morsi y opositores, principalmente en la ciudad meridional de Asiut, y frente a la sede central de los Hermanos Musulmanes en El Cairo.
Millones de personas pidieron el domingo la dimisión del presidenteMohamed Morsi, en el mayor desafío que ha vivido su gobierno desde que tomara el poder hace un año. "Vete", era el mensaje coreado al unísono por los millones de personas que tomaron las calles en diversos puntos del país. En El Cairo, la capital, las protestas volvieron a la icónica plaza de Tahrir, epicentro de las revueltas de hace dos años, y a las inmediaciones del palacio presidencial. El presidente, por su parte, movilizó a sus propios apoyos. Sus partidarios se atrincheraron en las inmediaciones de una mezquita cairota, desde donde prometieron dar sus vidas si es necesario para mantener en el poder al primer presidente elegido democráticamente en la historia del país.
Un año ha tenido Morsi para avanzar las reformas que prometió en las elecciones. Este domingo se cumplió el aniversario de su investidura, y sus detractores le dijeron que ya ha tenido suficiente tiempo en el poder, que ha llevado al país en la dirección equivocada y que es hora de apearse. Los principales puntos de crítica son el mal estado de la economía, la aprobación de una Constitución de corte islamista y el intento fallido, el año pasado, de aprobar un decreto que le hubiera otorgado poderes casi absolutos como presidente. "Yo voté por Morsi", decía Omar Mohamed Mahgoub, de 19 años. "Teníamos muchas esperanzas, que traicionó. No puede seguir ignorando a tanta gente", añadió. Muchos jóvenes como él decían que la manifestación de este domingo era más multitudinaria incluso que las que en 2011 acabaron con el régimen de Hosni Mubarak. Fuentes del Ejército, que empleó helicópteros para observar las protestas, estimaron en 14 millones de personas la participación en las manifestaciones a nivel nacional.
El movimiento popular Tamarod (en árabe, Rebelde), que convocó varias de las manifestaciones celebradas en El Cairo, mantiene que ha conseguido más de 22 millones de firmas que piden la marcha de Morsi. De ser cierto, y si todas las peticiones son válidas, sería una cantidad mucho mayor que la de 13,2 millones de electores que votaron por el hoy presidente en 2012. Mohairib al Masri, de 27 años, había recogido este domingo en la plaza de Tahrir más de 6.000 firmas. "Morsi ha perdido la legitimidad. La economía está peor que cuando llegó. Hay escasez de gasolina. El desempleo no para de subir. ¿Cómo vamos a ser una nación próspera con este presidente?", añadió.
Un signo de protesta preferido estos días por los egipcios es el de mostrar una tarjeta roja, como las del fútbol, dirigida simbólicamente a Morsi, con el lema "vete" impreso en ellas. Otras pancartas muestran la cara del presidente tachada en rojo o dibujos en los que se le muestra con el atuendo de un faraón, como los que se utilizaron para ridiculizar a Mubarak hace dos años. La voluntad, este domingo, en la plaza de Tahrir, en la que se concentraron más de 500.000 personas, era que el 30 de junio de 2013 fuera un nuevo 25 de enero de 2011, el día en que se iniciaron las protestas que acabaron con el anterior régimen. El Frente de Salvación Nacional, una coalición opositora, envió un comunicado en el que dijo confirmar “el derrumbe del régimen de Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes”.
Hay, sin embargo, un nutrido grupo de ciudadanos, partidarios del presidente, dispuesto a evitar a toda costa que eso suceda. Son, sobre todo, islamistas y simpatizantes del movimiento de los Hermanos Musulmanes, en cuyo brazo político ha militado Morsi durante años. Este Domingo, más de 20.000 de ellos tomaron la zona de Ciudad Nasser, en el este de El Cairo, cerca de la mezquita de Raba al Adawiya. Muchos iban armados con bates, porras y cadenas, protegidos por escudos y cascos. Durante buena parte de la tarde y noche marcharon con estilo militar, en filas de a dos, gritando lacónicos lemas, como "¡Egipto!" o "¡presidente!".
"¿No se ha elegido a Morsi democráticamente? ¿Qué significa querer echar al presidente en un año? ¿Sucede eso en otros países democráticos?", se preguntaba en esa concentración a favor del Gobierno el abogado Abdel Bakr, de 28 años. El aire en esa parte de la ciudad era tenso, en marcado contraste con el ambiente festivo de Tahrir y otros puntos de protestas opositoras en El Cairo, como el palacio presidencial. En el contexto de las protestas, un portavoz de Morsi, Omar Amer dijo en rueda de prensa que “el presidente sabe que ha cometido errores y está trabajando para solucionarlos”.
Muchos de los partidarios de Morsi, sin embargo, mantenían que están dispuestos a derramar su sangre, si es necesario, para mantener en el poder al presidente. "Creo que todos y cada uno de los que estamos aquí daría su vida para mantener al presidente en el Gobierno", decía Abdel Halian Said, de 28 años, armado con un palo en la mano. "Los opositores son conspiradores del antiguo régimen. Buscan su propio beneficio. Y no vamos a permitirlo. Lo lograrán sobre nuestros cadáveres".

Contra Morsi y contra Obama

D. A.
La ira popular que se vio este domingo en las calles de Egipto no sólo iba dirigida contra el presidente Mohamed Morsi. Numerosas pancartas mostraban la cara de Barack Obama tachada en rojo. “Obama apoya el terrorismo”, se leía en muchas de ellas. Eran la demostración del descontento popular hacia el Gobierno de Estados Unidos, que en 2011 mostró su simpatía a la revuelta contra Hosni Mubarak pero que ahora mantiene una cautelosa distancia respecto a los opositores y ha pedido que los problemas de Egipto se solucionen con diálogo, en beneficio de la estabilidad económica.
“Obama apoya a los Hermanos Musulmanes y al terrorismo”, decía Bakr Ahmed, de 30 años, mientras marchaba con una enorme pancarta con la cara de la embajadora de EE UU en Egipto, Anne Patterson, también con su cara tachada en rojo. “Antes de que Morsi llegara al poder, Obama decía que los Hermanos Musulmanes eran terroristas. Hoy les apoya, y quiere que se mantengan en el Gobierno, a pesar de que es obvio que las calles piden lo contrario”, añadía.
Hace dos semanas Patterson expresó, en un discurso, su “profundo escepticismo” respecto a la idea de que las protestas puedan lograr un cambio verdadero en la sociedad egipcia. “Egipto necesita estabilidad para poner orden en la economía, y más violencia en las calles no hará más que añadir nombres a las listas de mártires”, dijo. Fue, para muchos de los opositores de Morsi, la gota que colmó el vaso de la indignación contra la Casa Blanca.
Otro manifestante se paseaba con un cartel en el que mostraba a Morsi ondeando dos banderas, la israelí y la norteamericana. “Obama debería sentir vergüenza por apoyar a un Gobierno que obviamente no representa a la mayoría, que se dedica a pisotear los derechos de los demás”, decía Ramadan al Feizi, de 50 años, frente al palacio presidencial. En el olvido quedaba aquel célebre discurso pronunciado por Obama en El Cairo, en el que dijo apoyar las aspiraciones democráticas de las nuevas generaciones del mundo árabe.

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