viernes, 12 de julio de 2013

“Es una protesta política, no del pueblo”

Los vecinos de São Paulo toman medidas para sortear el paro

Los conductores de metro y bus dan la espalda a la movilización

 

Una manifestación en Sao Paulo este jueves. / S. MOREIRA (EFE)
 
Los sindicatos de Brasil quisieron aprovechar la insatisfacción generalizada que desde hace un mes abarrota las calles del país y convocaron grandes movilizaciones en todo el país —un Día Nacional de Lucha—, pero el resultado no fue el esperado. “Amenazaron con cortar nueve autovías y solo han bloqueado dos. Hacía años que no convocaban un paro tan grande, pero está todo normal. Esta es una protesta de partidos, no del pueblo como las otras”, aseguró ayer Adailton, de 40 años, en São Paulo.
“Yo hoy he llegado tempranísimo. Me he levantado dos horas antes para llegar a tiempo porque todo el mundo decía que la ciudad se iba a parar y he llegado aquí la primera”, se lamentó Michelle Ramiro, gerente de una tienda de alimentación.
Los principales problemas se vivieron en el interior y en el litoral del Estado de São Paulo, donde los sindicatos sí bloquearon durante más de seis horas algunas carreteras, polígonos industriales y la entrada a puertos clave como el de Santos. Los huelguistas pertenecen sobre todo a los sectores metalúrgico, portuario, petrolero y bancario y reclaman, entre otras cosas, la reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales.
En la avenida Paulista, principal arteria urbana de la ciudad y escenario de las grandes protestas iniciadas contra el aumento de las tarifas de transporte, unos 2.000 manifestantes, según la Policía Militar, pararon el tráfico en ambos sentidos durante horas.
El clima de la víspera de la huelga predecía un día de caos, pero la negativa de sumarse a la huelga de colectivos como los conductores de autobús y metro desinflaron las movilizaciones en São Paulo, según reconoció João Carlos Gonçalves, el secretario de Fuerza Sindical, una de las centrales organizadoras. Aun así, muchos decidieron quedarse en casa, desde empleadas del hogar a ejecutivos de multinacionales.
Las empresas habían invitado a sus empleados, como ha sido costumbre durante todo este mes de manifestaciones de protesta social, a quedarse en casa: “Nuestra recomendación es que los profesionales de São Paulo no vengan a la oficina. Por ese motivo, en el caso de que sea posible, prepárese para el trabajo remoto”, decía una circular interna de una importante consultora internacional. “Hoy está desierto, la mayoría ha decidido no salir para no arriesgarse. Hay jefes que no te descuentan la jornada si faltas”, contó Cesar Augusto Correa, el quiosquero de una estación de autobuses del centro mostrando la pila de periódicos que le faltaba por vender.
“Avisé a mis jefas de que no podría ir a trabajar. Vivo en Guarulhos y llegar al centro iba a ser imposible con todo parado”, explicó Wilma Martins da Silva, una empleada del hogar de 64 años que hizo un maratón para cumplir con su horario. “Salió todo bien y llegué a tiempo, pero no fue fácil. Vine en coche hasta la entrada de la ciudad, aguanté el tráfico habitual, luego agarré el tren y luego el autobús. Menos mal que funcionaban”, contó la señora mientras esperaba el autobús que la llevaría a una tercera casa a limpiar.
Los primeros análisis de la jornada apuntaban a que los sindicalistas no habían sabido aprovechar bien la indignación de la calle. “La relación [de desconfianza] con políticos y dirigentes sindicales, también ligados a diferentes partidos y al Gobierno, ayuda a entender la razón del número reducido de personas que salieron a la calle hasta ahora, si lo comparamos con el contingente de las movilizaciones del Movimiento Pase Libre [que reivindicaba la reducción de las tarifas del transporte]”, afirmaba en el diario Folha el analista político Marco Antonio Carvalho Teixeira, de la Fundación Getúlio Vargas.

El Papa endurece las penas contra la pederastia y el blanqueo de dinero

Francisco cambia con un 'motu proprio' la norma jurídica del Estado de la Ciudad del Vaticano

La reforma de la ley vaticana agrava el castigo de los casos de blanqueo

 

El papa Francisco junto a varios imigrantes durante su visita a la isla de Lampedusa, Italia, el pasado lunes. / - (EFE)
 
El papa Francisco tiene prisa. Sus reformas se producen a un ritmo jamás visto en la Iglesia. La última decisión ha sido la de cambiar mediante un motu proprio —un documento que solo pueden emitir los papas— el reglamento jurídico del Estado Ciudad del Vaticano. Queda abolida la cadena perpetua, se introducen nuevas figuras criminales relativas a delitos contra la humanidad y, sobre todo, se agravan las penas para los casos relacionados con abusos de menores y blanqueo de capitales.
El espíritu de la reforma decidida por Jorge Mario Bergoglio es el de adecuar el ordenamiento jurídico del Vaticano a la legislación internacional. La Santa Sede se rige por el Código Zanardelli, que entró en vigor en Italia en 1889 y en el Vaticano en 1929, y que —como se pudo comprobar en el reciente juicio a Paolo Gabriele, el mayordomo de Benedicto XVI condenado por el robo de documentos— presenta importantes lagunas. Según el Papa, "es necesario que la comunidad internacional adopte instrumentos jurídicos adecuados que permitan prevenir y combatir la delincuencia, favoreciendo la cooperación judicial internacional en materia penal".

 

La reforma del papa Francisco supone la continuación de la lucha contra la pederastia en el interior de la Iglesia que ya inició Benedicto XVI. El motu proprio incluye en la legislación vaticana el conjunto de delitos que pueden sufrir los menores: "Venta, prostitución, alistamiento y violencia sexual contra ellos, la pornografía infantil, posesión de material de pornografía infantil y actos sexuales con menores".
Estarán sujetos a las nuevas normas todos los funcionarios vaticanos y empleados de la curia, además del nuncio apostólico, el personal diplomático de la Santa Sede y todos los empleados de organismos e instituciones relacionados con el gobierno de la Iglesia.
La decisión del Papa se produce después de que, el pasado lunes, el Comité de los Derechos de la Infancia de la ONU urgiera por primera vez al Estado de la Ciudad del Vaticano a que diese explicaciones detalladas sobre los abusos sexuales y la violencia cometidos contra niños en el seno de Iglesia católica. El Vaticano tendrá que responder por escrito antes del próximo mes de noviembre a una serie de preguntas elaborados por expertos de la ONU.
Además de la supresión de la cadena perpetua, que se sustituye por penas de 30 a 35 años de prisión, la reforma de Jorge Mario Bergoglio reserva un epígrafe para los delitos de genocidio y apartheid en consonancia con lo dispuesto en el Estatuto de la Corte Penal Internacional de 1998. Además, la nueva legislación permite también a los tribunales de la Santa Sede juzgar "delitos cometidos contra la seguridad, los intereses fundamentales y el patrimonio de la Santa Sede".
"En nuestros tiempos", explica el Papa, "el bien común está cada vez más amenazado por la delincuencia organizada y transnacional, el uso inapropiado del mercado y de la economía, además de por el terrorismo".

El Papa clama en Lampedusa contra “la globalización de la indiferencia”

Francisco: "¿Quién de nosotros ha llorado por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos sobre las barcas? Estamos anestesiados ante el dolor de los demás".

Miles de inmigrantes africanos y asiáticos irregulares llegan a la isla italiana todos los años

 
 

El Papa charla con inmigrantes en Lampedusa. / Reuters-LIVE! / Afp
 
En la cuesta empinada que va del puerto a la parroquia, una mujer joven se enjuga las lágrimas y le dice a su hija: “No lloré cuando te parí y estoy llorando ahora”. La visita del papa Francisco a Lampedusa, la pequeña isla del sur de Sicilia célebre por el desembarco continuo de inmigrantes, había sido preparada con esmero. Una corona de flores arrojada al mar de los naufragios. Un encuentro con inmigrantes africanos. El altar de la misa, una patera. La cruz y el cáliz, trozos de las barcazas azules que llegaron a la isla aquellas tres noches terribles de la primavera de 2011 y cuyos esqueletos continúan —cementerio de la memoria— junto al campo de fútbol. En vez de un lujoso coche oficial, un jeep pequeño, viejo y prestado. Lo único que la alcaldesa socialista y el párroco inquieto de esta isla de 5.000 habitantes no habían podido prever eran las palabras de Jorge Mario Bergoglio. Y fue por esa rendija por donde el Papa colocó sus golpes directos al corazón.
“¿Quién de nosotros ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas, de todos aquellos que viajaban sobre las barcas, por las jóvenes madres que llevaban a sus hijos, por estos hombres que buscaban cualquier cosa para mantener a sus familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia del llanto... La ilusión por lo insignificante, por lo provisional, nos lleva hacia la indiferencia hacia los otros, nos lleva a la globalización de la indiferencia”.

 

Hay demasiados curas que solo hablan de lo divino en sus sermones, asegurándose de no pisar los callos del poder ni molestar demasiado a sus feligreses, que no están las iglesias como para espantar al respetable. Pero este argentino vestido de blanco ha llegado al Vaticano con ganas de pelea. Decidió que su primer viaje oficial fuera a Lampedusa para vestir de coherencia su discurso sobre la necesidad de que la Iglesia salga de su ensimismamiento y busque las periferias del mundo. Y lo hizo tan ligero de equipaje que pidió a los políticos y a los altos prelados que se abstuvieran de hacer el paseíllo —con lo que a unos y a otros les gusta— y rebajó la seguridad hasta tal punto que quienes quisieron acercarse a él lo pudieron hacer y él los recibió con gusto. Sus dos folios escasos de sermón fueron dinamita pura.
“¿Quién es el responsable de la sangre de estos hermanos? Ninguno. Todos respondemos: yo no he sido, yo no tengo nada que ver, serán otros, pero yo no. Hoy nadie se siente responsable, hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna, hemos caído en el comportamiento hipócrita [..]. Miramos al hermano medio muerto al borde de la acera y tal vez pensamos: pobrecito, y continuamos nuestro camino, no es asunto nuestro, y así nos sentimos tranquilos. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar solo en nosotros mismos, nos convierte en insensibles al grito de los demás, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero son inútiles, no son nada...”.
Si bien, después de apelar a las conciencias de cada uno, el papa Francisco quiso elevar el tiro. A la hora de elevar la plegaria a Dios, dijo: “Te pedimos ayuda para llorar por nuestra indiferencia, por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros y en todos aquellos que desde el anonimato toman decisiones socioeconómicas que abren la vía a dramas como estos. Te pedimos perdón por aquellos que con sus decisiones a nivel mundial han creado situaciones que conducen a estos dramas”.
Desde hace años, las autoridades civiles y religiosas de Lampedusa reclaman atención sobre un drama que, de tan repetido, ya apenas merece unas líneas en los periódicos o unos minutos en la televisión. Solo cuando la situación es explosiva —aquellas noches de julio de 2011 donde miles de africanos desembarcaron en la isla— retorna la mirada hacia las cifras de espanto. Se calcula que en las últimas dos décadas más de 25.000 personas han perdido la vida en el Canal de Sicilia. De ellos, 2.700 durante 2011, coincidiendo con el conflicto de Libia. Ante la falta de reacción de las autoridades italianas y europeas, la alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, envió el pasado mes de febrero una carta a la Unión Europea en la que se preguntaba: “¿Cuán grande tiene que ser el cementerio de mi isla?”.
Desde el pasado mes de mayo, contaba la alcaldesa, “ya me han entregado 21 cadáveres de personas que se ahogaron intentando llegar a Lampedusa. Es algo insoportable para mí y un enorme peso de dolor para la isla. Ya no tenemos ni sitio para enterrarles. No logro entender cómo esta tragedia puede seguir siendo considerada algo normal”.
En parecidos términos se dirigió el párroco de Lampedusa, Stefano Nastasi, a Jorge Mario Bergoglio en cuanto fue elegido Papa, invitándolo a viajar a la isla, situada a 205 kilómetros de Sicilia y a solo 113 de las costas de África, para que conociera de cerca el drama.
Aquella carta, y la noticia de los últimos naufragios —inmigrantes que se agarran a las redes de las almadrabas, otros dejados a su suerte por capitanes sin escrúpulos— influyeron en la decisión del Papa de viajar hacia la última frontera de Europa, hacia “la periferia”, hacia la intersección dramática entre quienes tienen de todo —los turistas que llegan a la preciosa isla del Mediterráneo para pasar sus vacaciones— y quienes se echan al mar apostando lo único que tienen.

jueves, 11 de julio de 2013

La Armada de EE UU hace historia al aterrizar un ‘drone’ en un portaaviones

Por primera vez un prototipo toca tierra de manera automática sin necesidad de estar controlado de manera remota por un humano

 

El modelo de 'drone' de la Armada X47-B a punto de aterrizar en elportaaviones 'George H. W. Bush'. / Steve Helber (AP)
 
A la 1.40 de la tarde de este miércoles, la Armada de Estados Unidos entró en la historia de la aviación al conseguir que un avión no tripulado aterrizara de manera autónoma en un portaaviones, en medio del mar. Es la primera vez que un drone, controlado únicamente por algoritmos matemáticos y sin estar dirigido de manera remota por un ser humano, toma tierra en la cubierta de un barco.
“No tuvimos a nadie pilotando el aparato desde la lejanía. Usamos pautas automáticas y algoritmos”, explicó el contraalmirante Mat Winter tras el aterrizaje. Winter es el director de un proyecto de 1.400 millones de dólares que se ha desarrollado durante los últimos ocho años y que ha culminado este martes con el aterrizaje en el portaaviones George H. W. Bush, frente a la costa de Virginia, del modelo X-47B, tras despegar desde la base aéreo-naval de Patuxent en Maryland y desplazarse durante casi 170 kilómetros escoltado por dos F-18 de la Armada.

Lo que ha convertido esta operación en un hito para la aviación es el hecho de que el drone utilizado, el X-47B, es un aparato que, a diferencia de otros aviones no tripulados empleados por la CIA, como los modelos de Predator o Reaper, que están controlados de manera remota por seres humanos, esta aeronave ha aterrizado de forma completamente automática. “Lo que acaban de ver es la próxima generación de la aviación naval y las extraordinarias posibilidades que nos puede brindar”, comentó a la prensa presente en el portaaviones el secretario de la Armada, Ray Mabus.
El X-47B está llamado a ser no sólo el drone que abrirá una nueva era en la tripulación automática, sino el aparato que transforme la aviación naval, convirtiendo los portaaviones en bases más versátiles y potencialmente más letales. Tras el aterrizaje de este miércoles, se ha constatado que los aviones no tripulados en un futuro estarán mucho más automatizados -operarán casi como robots- y no dependerán exclusivamente del manejo que realice una persona a miles de kilómetros de distancia de donde esté sobrevolando la aeronave. No obstante, Winter ha defendido la importancia del factor humano. “Los seres humanos siguen siendo un factor esencial de esta dinámica”, ha reconocido.
El aterrizaje de este miércoles, con todo, es sólo una prueba experimental más. El X-47B es tan sólo un prototipo, con una réplica similar, fabricado por Northrup Grumman, que pronto se retirará y podrán ser admirada en algún museo aeronáutico. No obstante, la Armada espera que la próxima generación de drones, en absoluto tripulados por seres humos, esté operativa en 2019. “No siempre es posible tener la oportunidad de contemplar el futuro, pero eso es lo que hemos visto hoy”, ha recalcado Mabus. Cada vez queda menos para que ese futuro se haga realidad.

El primer ministro de Luxemburgo dimite por un caso de espionaje

Jean-Claude Juncker era el primer ministro europeo que llevaba más tiempo en el cargo

Habrá elecciones anticipadas en tres meses

 
 

Jean-Claude Juncker antes de testificar en el Parlamento. / JULIEN WARNAND (EFE)
 
El mandatario más veterano de Europa ha dejado de serlo. Un escándalo de espionaje ha apartado esta noche de su cargo a Jean-Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo durante 18 años. Juncker ha presentado su dimisión ante el Parlamento después de que este le retirara la confianza por las irregularidades que cometieron durante años los servicios secretos del país, con escuchas que afectaron al propio Juncker y al jefe del Estado, el gran duque Enrique. La presión ha podido con Juncker, que a primera hora de la tarde había asegurado a los diputados que no pensaba dimitir.
La tarde había arrancado con la ironía que caracteriza al líder luxemburgués. “Si sudo no es porque tenga miedo, sino porque hace calor”, les espetó a los diputados ante las críticas vertidas por su actuación al frente del servicio secreto. La legislación del país, que sitúa al primer ministro como máximo responsable de la inteligencia, ha jugado una mala pasada a Juncker, al mismo tiempo víctima de las escuchas y responsable de no haberlas atajado a tiempo.
Juncker presidió hasta el pasado enero, y durante ocho años, el Eurogrupo
Tras siete horas de debate, y pese a haberlo negado anteriormente, ha llegado la renuncia : "He convocado al Gobierno mañana a las diez y presentaré la dimisión del Gobierno al gran duque”. Las elecciones, en principio previstas para mayo de 2014, serán dentro de tres meses. “Constato que una mayoría de la Cámara quiere elecciones anticipadas”, ha admitido el líder del país europeo con mayor renta per cápita.
Además de llevar un tiempo récord al mando de un país comunitario –aproximadamente un tercio de sus 58 años-, Juncker es bien conocido en la Unión Europea por haber presidido hasta el pasado enero, y durante ocho años, el Eurogrupo, la reunión de ministros de Economía de la zona euro, un órgano crucial desde que comenzó la crisis económica y especialmente tras los rescates a los países en dificultades. La dimisión de esta noche ensombrece el horizonte político de Juncker, aunque no ha aclarado si seguirá concurriendo a las elecciones, como pretendía antes del escándalo, o pasará el testigo a otro miembro de su partido, el centroderechista CSV.
El Parlamento luxemburgués había examinado durante toda la tarde un informe sobre varias acusaciones que pesan sobre los servicios de inteligencia, de nombre SREL: escuchas ilegales a políticos, malversación (por ejemplo, en la compra de vehículos para uso privado) y sospechas de que aceptó pagos a cambio de facilitar el acceso a determinados cargos públicos, entre otras acusaciones.
Los detractores de Juncker lo acusan de haber dejado algo desatendido su país para dedicarse de lleno a Europa
Todos los miembros de la comisión de investigación, salvo los del partido de Juncker, habían votado a favor del texto, que subrayaba las irregularidades y responsabilizaba al mandatario de no haber informado sobre ellas. La situación de Juncker se ha vuelto especialmente delicada al saberse que también los socialistas, socios en el Gobierno, habían respaldado el informe.
El escándalo del espionaje ha levantado una gran polvareda política al conocerse que las escuchas afectaron al corazón del Estado. El anterior jefe del espionaje luxemburgués, Marco Mille, grabó un encuentro que mantuvo con Juncker en su despacho, así como una conversación entre el mandatario luxemburgués y el jefe del Estado, el gran duque Enrique. El Parlamento abrió una investigación a finales de año que ha concluido hoy con la dimisión de Juncker.
El informe sostiene que el dirigente luxemburgués, como máximo responsable del servicio de inteligencia, “ha evitado informar a la comisión de control parlamentario, incluso a la fiscalía, sobre las irregularidades, aberraciones e ilegalidades de las operaciones realizadas por el servicio”.
“No puedo reconocer ninguna responsabilidad personal de naturaleza subjetiva”, ha replicado Juncker ante la cámara, horas antes de dimitir, a pesar de admitir algunos fallos: “No digo que no haya cometido errores”. El primer ministro ha asegurado que no había detectado ilegalidades que le permitiesen dirigirse a la justicia y ha argumentado que no podía ser responsable de los errores cometidos por funcionarios sobre los que no tenía control directo.
Más allá de parar el golpe, el veterano político ha devuelto la acusación al Parlamento por la falta de control sobre los servicios secretos. “ [La Comisión parlamentaria] habría podido controlar también sin intermediarios. Y no lo ha hecho”, ha contraatacado. Pero la presión de la Cámara ha conseguido lo que no han hecho las urnas durante 18 años: quitar a Juncker las riendas de su país.

El exguardián de la eurozona

Juncker, el gobernante más veterano de la UE con 18 años en el cargo, criticó la inacción de Bruselas ante la crisis

 

Juncker aprieta el cuello, en un gesto amistoso a Luis de Guindos. / yver herman (reuters)
 
Jean-Claude Juncker logró su momento más célebre en España gracias a una foto, replicada hasta la saciedad en los medios de comunicación, en la que agarra del cuello al ministro de Economía, Luis de Guindos. Era una de las interminables citas del Eurogrupo (reunión de ministros de Finanzas de la zona euro) y, a pesar de la sonrisa que lucía Juncker, la imagen se interpretó como símbolo de lo estrangulada que estaba España por las exigencias de Bruselas.
Más que la intransigencia del primer ministro luxemburgués, el gesto reflejaba el carácter socarrón del personaje, que durante años compatibilizó el mando del pequeño país europeo con el del Ministerio de Economía. Su voz se hizo reconocible en Europa por mantener un discurso a veces alejado de la ortodoxia comunitaria. Juncker alertó contra las crecientes diferencias entre el norte y el sur del continente y criticó con dureza la inacción de las instituciones europeas frente a la crisis: “El impacto de la Unión Europea en el exterior es lamentable: no estamos dando un ejemplo sensacional de liderazgo”. Las críticas se fueron acentuando a medida que se acercaba el final de su mandato al frente del Eurogrupo, que abandonó el pasado enero. “Europa ha agotado ya su capacidad para decepcionarme”, dijo en una de sus últimas ruedas de prensa, de madrugada, en Bruselas.
A sus 58 años, este abogado de formación es un democristiano en el sentido estricto de la palabra, capaz de dialogar con la izquierda —integrada en su Gobierno— y con la derecha, al frente de un país que combina elementos tan contrapuestos como el secreto bancario y unas políticas con fuerte componente social.
En Europa cimentó su prestigio en la segunda mitad de los noventa. Primero como ministro de Economía de su país y desde 1995, como primer ministro, gozó de la absoluta confianza de Alemania y Francia, cuando ese eje vertebraba el devenir europeo. Desempeñó un papel fundamental en los años previos a la puesta en marcha del euro.
Carismático en sus intervenciones —aunque implacable con la prensa—, sus detractores lo acusan de haber dejado algo desatendido su país para dedicarse de lleno a Europa. Su labor al frente del Eurogrupo ha coincidido con los momentos más convulsos de la UE y fue precisamente Juncker quien, poco antes de dejar ese cargo, lanzó la idea de convertir la presidencia del Eurogrupo en un cargo de dedicación exclusiva. Aunque su sucesor, el holandés Jeroen Dijsselbloem, es también ministro de Finanzas de su país, parece que la Unión Europea acabará finalmente poniendo en marcha esta propuesta de Juncker para elevar el perfil de ese puesto.
Probablemente Juncker nunca imaginó que, tras 18 años en el poder, tendría que aplicarse a sí mismo una de sus frases más célebres: “Sabemos qué hacer para salir de la crisis; lo que no sabemos es cómo ganar las elecciones después”.

“No fue un golpe, fue el reflejo de la voluntad ciudadana”

Khaled Dawoud, secretario y director de comunicación del Frente justifica las acciones de esa alianza laica y progresista

 
 

Khaled Dawoud en una manifestación contra el régimen de Mubarak en Estados Unidos en 2011. Vivía en Nueva York antes de regresar a Egipto a militar en la coalición opositora. / Jessica Rinaldi (Reuters)
 
El Frente de Salvación Nacional egipcio, coalición opositora de 11 partidos laicos y progresistas, liderada por el premio Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, está en una delicada situación. Convocó manifestaciones contra el presidente depuesto Mohamed Morsi el 30 de junio y apoyó el golpe de estado militar posterior. Ahora ve cómo el presidente elegido por los militares, el juez Adli Mansur, emite un decreto en el que se atribuye poderes casi absolutos y marca plazos electorales sin consultarle. Con tal de ver marchar a Morsi y a los Hermanos Musulmanes del poder, este Frente se ha aliado con formaciones salafistas, más radicales en su lectura del islam. Khaled Dawoud es uno de los líderes del partido de la Constitución y, desde su formación en noviembre, secretario director de comunicación del Frente.
Pregunta. El Frente, al que usted pertenece, mantiene que lo que sucedió la semana pasada no es un golpe. ¿Qué es entonces?
Respuesta. No es un golpe. Es el reflejo de la voluntad de la ciudadanía de Egipto. Al menos 20 millones de egipcios salieron a las calles exigiendo que el presidente Mohamed Morsi se marchara y convocara elecciones, porque llevó al país a un gran desastre. Estábamos al borde de una guerra civil, la economía en colapso. No buscamos control militar. Hay un presidente civil que ha emitido un decreto constitucional que marca plazos claros para las elecciones.
P. Pero es el ejército quien apoya al actual gobierno de Egipto, dado que ha anulado la constitución.
R. Sí, pero el 3 de julio el ministro de Defensa [Abdel Fatah al Sisi, comandante de las fuerzas armadas] llamó a las fuerzas nacionales a negociar. El Baradei representó al Frente. Acudió el partido salafista Nur, más fundamentalista en su interpretación del islam que los Hermanos Musulmanes. Había una mayoría de representantes de la ciudadanía egipcia. Los únicos que no acudieron fueron los Hermanos Musulmanes.
P. Pero están aliados ustedes con un partido más radical que la hermandad.
R. Estoy en desacuerdo. Son más honestos y directos. Aprecio que se unieran al proceso político el día 3 de julio, cuando acudieron a las conversaciones de reconciliación. En aquel momento estábamos al borde de la guerra civil. Los Hermanos Musulmanes la buscaban.
P. El martes por la noche el presidente Mansur emitió un decreto constitucional que marca plazos electorales. Su coalición lo rechazó inmediatamente, para suavizar su postura posteriormente. ¿Les presionaron los militares?
R. No. Fue un error mío. No me comuniqué bien con los demás líderes. Envié a los medios un borrador no finalizado. No era nuestra postura final. Pero el mensaje es el mismo: tenemos nuestras reservas sobre ese decreto.
P. ¿Cuáles son?
R. El presidente no nos consultó antes de emitirlo. Hay artículos que, para satisfacer a los salafistas, incluyen una definición muy reducida de la sharia [ley islámica]. Queremos menos poderes para el presidente interino. Y por último, que haya elecciones presidenciales antes que legislativas, al revés de como está programado.
P. ¿Aceptarían ese decreto como está propuesto, con poderes casi absolutos para el presidente?
R. No. Estamos negociando con la presidencia. Y nos ha prometido que considerará nuestras peticiones. Esperamos cambios.
P. ¿Qué tipo de gobierno quieren, tras este proceso?
R. Un gobierno democrático. Ganar en las urnas no le da a uno el derecho a emitir una declaración constitucional, como hizo Morsi, que viola derechos humanos y principios democráticos. El tener la legitimidad, como él dice, no significa que se puedan violar todas las normas de la democracia. La democracia no se decide únicamente en las urnas.